sábado, 8 de septiembre de 2012

QUERIDO DIARIO (9/8/12):




     Estoy en cama, con dolor de cabeza. Con frío. Con deseos de tomar sopa de gallina justo cuando a mi madre se le ocurre hacer la gallina estofada. Gallina, si, no comemos pollos. 
     Se que es una estupidez lo que voy a decir, pero me da pena comer pollos que solo alcanzaron a vivir un mes; animalitos a los que nunca les apagaron la luz, con tal de confudirlos para que se atiborraran durante un interminable día que dura eso: un mes. Asi alcanzan el peso de mercado. Los matan siendo babys. 
     A las gallinas al menos  las dejan vivir mas tiempo. Mientras pongan huevos serán tratadas con cierto respeto. Las dejan dormir. No hay ruidos molestos cerca de ellas. Un veterinario -que vela por la postura de huevos, no por la gallina- esta obligado a atenderlas con premura si alguna se enferma, pues podría ser un foco epidémico que mandaría a la mierda la producción de los valiosos óvulos de pollos. 
     Por eso, entre comerme a un bebe y a una señora menopausia, elijo a la señora. Su carne es mas dura que la de el bebe y requiere de mayor tiempo de cocción; es decir, quemo combustible fósil y daño la puta capa de ozono, la misma que, por cierto, ya me tiene hasta los mismísimos cojones. 
     En fin, que al despertar no tenía dolor de cabeza, pero me puse a pensar en la corta vida de los pollos y en como mi pena por ellos ocasionará la destrucción del planeta, ya que quemo 4 veces mas gas con las gallinas que con los pollos. 
     Heme aquí con el dilema y con el dolor de cabeza que me trajo la pelea gallinas/capa de ozono. El único consuelo que me queda es que, "gallina vieja, da buen caldo".


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