Anoche pasé la vergüenza más grande de mi vida. Sospecho que
hasta pudo ser un castigo divido por haber copiado esa foto de Diego
Drakonchetumadre, en la que aparecen imágenes de un Jesús deformado, flácido y
ob-seno.
En fin, iré al grano. Anoche, mientras salía de la ducha del
gimnasio, tratando de no mirar a esas mariconas que pasan horas secándose las
pelotas y las pinga con el secador de pelo,....¡¡¡¡SE ME CALLÓ EL JABÓN EN EL
MEDIO DEL PASILLO!!!.
Con adusta actitud masculina y protegido por la machona toalla
del Colo Colo con que cubro mis partes pudendas, me incliné para recoger el
jabón.
Entonces ocurrió lo impensado: la maldita toalla se deslizó
de mis ebúrneos glúteos, rodó piernas abajo y me dejó, así, como si nada, con
el culo en pompas delante de esos pervertidos homosexuales.
El resto no lo contaré por decencia. Por lo pronto, escribo
desde el ipohone, acostado en la camilla del proctólogo, a donde he venido para
realizarme un examen de rutina.
Nada importante, por cierto.
