A la infausta preocupación que siento por no saber de la salud de el comandante en Jefe Fidel Castro, se suma ahora el hecho de tener recurrentes sueños con Cuba y en especial, con personas que ya creía desterradas de mi no menos infausto subconsciente. La culpa la tiene, de una parte Roland Grainger y de la otra, Cristián Munita.
El primero me habla todos los días de Radio Ciudad de La Habana. Me tortura con el nombre de mi ex directora, la Compañera Palac
ios y con cada uno de los proletarios de aquella estación de radial.
Anoche soñé con La Palacios, con una transmisión streaming que no funcionaba y con un joven que moría delante de mi, en una camilla, conectado a varias máquinas de soporte vital, dentro del cubículo de edición de Marina Vicente.
Era yo quien debía decidir reanimarlo -no lo hice - y dar la noticias a los miembros de su grupo de salsa -eran músicos-.
Antes de declararlo muerto -tenia pinta de estarlo casi del todo- debería desconectarlo, extraer los tubos de ventilación y las agujas.
Entonces apareció La Palacios y me pregunto sobre el paciente.
- Se nota algo difunto -le dije- deberíamos ahorrar un poco de electricidad.
La Palacios desconectó las máquinas del enchufe, igual que en esas películas de enfermeras malas que dan en el cable.
Todo iba bien, normal, como cuando uno decide dejar morir a alguien, hasta que le pedí guantes a La Palacios para limpiar el cuerpo y sacarle los tubos. Pero...¡Oh, fatalidad! ¡Estaba en Cuba!. No había guantes quirúrgicos. Debía, pues, limpiar el cuerpo a mano pelada, algo que me produjo profundo asco.
Entonces lo pensé mejor y decidí echar a andar de nuevo las máquinas. Si no lo declaraba muerto al muerto, no tendría que limpiar el cadáver sin guantes, así que revertí el proceso y dije, muy alegremente a los del grupo de salsa: " ¡ha vuelto respirar! ¡Es un milagro!".
En realidad el tipo me parecía algo difunto, aunque no del todo, pero eso da lo mismo. Tampoco respiraba sin auxilio de las máquinas.
No se por qué me cuestiono esas cosas. ¿Quién repara en la vida de otro ser humanó cuando le faltan guantes para tocar las inmundicias que éste genera? Nadie, desde luego.
Y hablando de cosas que inducen al vómito, al finalizar el sueño, desperté, abrí los ojos y vi salir del baño a Cristan Munita, envuelto en una toalla de las que venden en La Vega Central, de esas que vienen con la cara de Michael Jackson, impresa en vívidos colores, con su nariz estúpidamente perfecta.
Como sí ya no fuese bastante dantesco el espectáculo de la toalla-Jackson, observo, para mi consternación que Munita NO SE DEPILA LAS AXILAS.
Sí. Sus sobacos parecen vaginas feminista radicales.
¡Qué espanto! ¿Cómo puede una mujer de esa edad andar así, toda peluda por la vida?
Opino que la pobre, debería ser desconectada, por el bien de la humanidad y el de mis futuros amaneceres.
Lo bueno es que en Chile sí hay guantes quirúrgicos; o sea, un problema menos.


