sábado, 3 de agosto de 2013

QUERIDO DIARIO



Anoche nuevamente fui víctima de una de esas mujeres que trabajan como porteras en los bares. 


El hecho ocurrió en Racagua. Emilio Oz Fernz y yo pretendíamos entrar al pub donde ya estaban nuestros sobrios amigos poetas, cuando la portera nos detuvo, casi violentamente y nos dijo:
- Los hombres pagan dos mil la entrada. Son cuatro mil los dos.

- ¡Oh, no! - le aclaré- hay un error. Él es hombre, pero yo soy una mujer. O sea, que son dos mil pesos. 

- ¿Cómo que usted es una mujer? -preguntó la portera mientras me observaba de arriba a abajo, muy despectivamente.
- Lo soy, aunque tal vez no le parezca tan femenina como la mayoría.
- ¿Pero es mujer, mujer...? -arremetió la portera.
- Sí. Con vagina y todo. ¿Se la muestro?
- ¡Claro que no! ¿Cómo se le ocurre mostrame la vagina en la entrada del local?
- Es que últimamente he tenido serios contratiempos a causa de mi aspecto físico. La gente tiende a confundirme. Por desgracia debo salir con urgencia todos los meses, más o menos por estas fechas y además, debo hacerlo a lugares donde haya hombres borrachos, lo que origina frecuentes confusiones. 
- ¿Con urgencia? ¿Por qué con urgencia?
- Estos días coinciden con mi período fértil. Salgo a tener sexo con extraños para quedar embarazada y luego vendo mis óvulos fecundados a las feministas que promueven el aborto. Entonces ellas se los implantan y abortan en las iglesias.
La portera abrió los ojos y chilló, fuera de sí:
- ¡¡¡¡USTED ESTÁ LOCAAAAAAAAA !!!!
- ¿Ve lo que le digo? Siempre me confunden con una loca o con algo sucio.
Y así, Emilio y yo entramos a pub, pagando dos mil pesos menos.
Una hora más tarde, cuando creí que la lamentable confusión se había olvidado, me fui al baño de hombres a hacer lo que todos, pero el chico que atendía las mesas me tocó toca delicadamente el hombro y me dijo:
- Su baño es el otro, señora.
- Disculpa, cariño -le respondí- casi me equivoco y entro al baño de hombres. ¡Qué cosas! ¿no?.
Así, placenteramente, me metí al baño de mujeres y eché una laaaaaarga meada, de pie.