Anoche nuevamente fui víctima de una de esas mujeres que trabajan como
porteras en los bares.
El
hecho ocurrió en Racagua. Emilio
Oz Fernz y
yo pretendíamos entrar al pub donde ya estaban nuestros sobrios
amigos poetas, cuando la portera nos detuvo, casi violentamente y nos
dijo:
-
Los hombres pagan dos mil la entrada. Son cuatro mil los dos.
-
¡Oh, no! - le aclaré- hay un error. Él es hombre, pero yo soy una
mujer. O sea, que son dos mil pesos.
- ¿Cómo que usted es
una mujer? -preguntó la portera mientras me observaba de arriba a
abajo, muy despectivamente.
- Lo soy, aunque tal vez no le parezca
tan femenina como la mayoría.
- ¿Pero es mujer, mujer...?
-arremetió la portera.
- Sí. Con vagina y todo. ¿Se la
muestro?
- ¡Claro que no! ¿Cómo se le ocurre mostrame la vagina
en la entrada del local?
- Es que últimamente he tenido serios
contratiempos a causa de mi aspecto físico. La gente tiende a
confundirme. Por desgracia debo salir con urgencia todos los meses,
más o menos por estas fechas y además, debo hacerlo a lugares donde
haya hombres borrachos, lo que origina frecuentes confusiones.
-
¿Con urgencia? ¿Por qué con urgencia?
- Estos días coinciden
con mi período fértil. Salgo a tener sexo con extraños para quedar
embarazada y luego vendo mis óvulos fecundados a las feministas que
promueven el aborto. Entonces ellas se los implantan y abortan en las
iglesias.
La portera abrió los ojos y chilló, fuera de sí:
-
¡¡¡¡USTED ESTÁ LOCAAAAAAAAA !!!!
- ¿Ve lo que le digo?
Siempre me confunden con una loca o con algo sucio.
Y así, Emilio
y yo entramos a pub, pagando dos mil pesos menos.
Una hora más
tarde, cuando creí que la lamentable confusión se había olvidado,
me fui al baño de hombres a hacer lo que todos, pero el chico que
atendía las mesas me tocó toca delicadamente el hombro y me dijo:
-
Su baño es el otro, señora.
- Disculpa, cariño -le respondí-
casi me equivoco y entro al baño de hombres. ¡Qué cosas!
¿no?.
Así, placenteramente, me metí al baño de mujeres y eché
una laaaaaarga meada, de pie.
