Ayer, mientras me secaba parsimoniosamente las bolas en la
banca del gimnasio, apareció una loca arrastrando su gigantesco bolso con el
cuello. Tenía aspecto de muy fatigada. Concentrada en ordenar sus cositas en el
locker, se puso los lentes de ver de lejos, me miró y me gritó desde el otro
extremo del vestidor:
- ¡Ricardooooo!
Inmediatamente flanqueo las bancas intermedias y a sus
ocupantes, haciendo un gran jetè de antología, muy a lo Maya Plisétskaya. Iba a
decirle que no me llamo Ricardo, que se había confundido de persona, pero la
loca me abrazó y me pegó par de besos.
- ¡Dos
besos, cariño, que dicen que uno solo trae mala suerte! –me aseguró- ¡Tanto
tiempo sin verte, Ricardo. ¿Qué ha sido de tu vida? ¿Sigues trabajando en lo
mismo?
- Eh…sí,
en lo mismo –respondí un tanto consternado por la confusión.
- Ah, en
lo de la pizzas…qué bien.
Metí la mano en mi bolso y aproveché para botar una caja
vacía de condones LifeStyles Nuda que por alguna extraña razón había llegado
ahí. En realidad buscaba un pretexto para no mirar de frente a la efusiva loca.
- ¿Usas
esos condones? ¿Cómo se te ocurre? –dijo a todo gaznate el maricón-. No tienes
que ocupar esos. Son malos. Te dejan el poto adolorido cuando te la meten.
- Ya, pero
es que yo…por distintas razones, como que no suelo pasar el poto… con
frecuencia.
- ¡Por favor,
Ricardo, que nos conocemos bien! ¿Qué hay de malo en que te guste que te lo
pongan?
- No, si
no digo que sea malo; es solo que yo…no soy…
- Mira –
interrumpió la loca mientras arrastraba hacia mi su gigantesco
bolso/campamento- Te regalo esto.
Me dio dos bolsitas blancas, llenas de lo que, al tacto, me
parecieron alfajores.
- Gracias.
Te pasate – le dije- me los comeré después de almuerzo.
- ¡Sigues
tan pavo como siempre, Ricardo! ¡Son condones y lubricantes! A mi me lo dan
gratis en el hospital. Úsalos, que siempre andas con problemas por allá atrás.
Gracias a Dios que no padezco de eso. Me dilato super bien.
Era el momento de gritarle que NO me llamo Ricardo. Que
debido a la falta de voluntad de mis parejas sexuales, JAMÁS me introducen nada
por el culo, ni siquiera un mal pensamiento. Que no trabajo en una pizzería.
Que no quería sus condones. Que ardía de rabia a causa de la bochornosa
confusión.
- Ricardo…
- chilló la loca con cara de posea- ¡estás muy rojo! ¡Qué espanto!
(Lo admito. La loca me había vencido. Miré al piso y dije,
casi avergonzado):
- Tengo…alergias
varias. Acabo de untarme mi crema hidratante. Me deja la cara roja como…
- ¿Ya
viste a un inmonólogo?
- ¿A un
inmunólogo? – pregunté, tratando de adivinar cierto toque de maledicencia en su
pregunta.
- No. Aun
no he ido a ver uno, pero con esta vida que llevo, seguramente tendré que
buscarme uno pronto…qué chistoso, ¿verdad?
- Ese es
un mal chiste, Ricardo…
- ¿Cuál?
- Relacionar
"el chiste"* con el otro "chiste" y con el inmunólogo. Tú
ya deberías tenerlo.
- ¿Tener
qué? –pregunté visiblemente preocupado.
- Un
inmonólgo, cariño. Mira, te voy a llamar para presentarte a la mía. Es muy
joven, pero las cacha todas. Trabaja en el Clínico de la Universidad de Chile.
Allá me atiendo yo.
- Que
bien…
- Por
ahora, toma estas pastillas de Zival – dijo la loca, metiendo otra vez la mano
en su bolso/tienda de campaña- Son los últimos antialérgicos que salieron al
mercado.
- De
ningún modo. No puedo aceptarlos. Deben ser muy caros.
- Tranquilo,
Ricardo, que usted me salvó aquella vez y le estoy muy agradecido.
- ¿Yo?
–inquirí- ¿Cuál vez?
- ¡Que
eres pavo, Ricardo, no cambias! Cuando mi gonorrea allá –la loca se señaló el
culo-. Tú me pasaste aquellas maravillosas pastillas en casa de la Fern, ¿qué no
te acuerdas?
- Intento
no recordar esas cosas…ya sabes…por aquello de los caballeros y la memoria.
- Como
sea, Ricardo. ¿sigues teniendo el mismo número?
- ¡Si - le
dije, ya con taquicardia- ¡Llámame a ese mismo!
- Perfecto…-comentó
la loca mientras se aplicaba en ordenar minuciosamente en el locker el
contenido de su gigantesco bolso.
Me despedí de ella –con dos besos, pues uno era de mala
suerte- y miré por ultima vez la cara de los pobres tipos que compartían el
vestidor, hablando de futbol, cuando llegó la loca del bolso con sus condones,
antialérgicos, chistes e imonólogos.
Estoy seguro que nunca más
volverán a gimnasio. Si lo hacen, se irá a casa sin ducharse.

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