Hoy me he levantado muy a lo Woopi Golberg en
"El color púrpura", por eso escribo así.
Podría decir que hasta me siento negra, fea, chica, pobre,
sumisa, maltratada, marginal y un poco lesbiana.
Confrontaré tales emociones con la buena terapia de shock,
que consiste en mirar las fotos de algunas de mis ex parejas.
En todo caso no hablo mal de nadie, sino de mí, que he
tenido el mal gusto y la casi filantrópica hidalguía de llevarme a los
biopolímeros de la boca aquellas carnes que debieron ser decomisadas por el
Servicio Agrícola Ganadero, producto de su mala calidad.
Me pregunto qué nos lleva a meternos en la cama casi siempre
con la persona equivocada. Como no creo en el destino, doy por sentado que mi
mala costumbre de hacer las cosas al revés, me conduce indefectiblemente a
cometer los mismos errores, con el mismo "perfil" de personas
(incluyo en esto último los archivos contenidos en la gaveta rotulada bajo el
título de "amigos").
Lo bueno es que después de revisar mi morgue amigo/amorosa
privada, suelo exclamar un vibrante "¡Qué más da!". Total; he sido
siempre muy prolijo a la hora de deshacerme de los cadáveres cuando hieden más
de lo que dictan la higiene y el sentido común.
Luego de este ejército matutino vuelvo a ser el nórdico de
toda la vida. Recupero mi metro noventa y cinco, mis ojos verdes, mi pelo
rubio, mi inteligencia superior y sobre todo, mi gran modestia.
Gracias, Dios, por derrochar tanta perfección en alguien que
apenas te aventaja en un par de aspectos intrascendentes. Eres grande, aunque
no lo creas.
Cuando te deprima mirar hacia abajo, no dudes en llamarme.
Tengo experiencia en el tratamiento de la mierda. Si gustas la compartiré
contigo.

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